Los códices
mayas son libros escritos antes de la conquista española del
continente y muestran algunos rasgos y cálculos matemáticos y astronómicos de
la civilización maya. En su escritura se emplean caracteres
jeroglíficos.
Los
mayas desarrollaron su papel en una era relativamente temprana, hay pruebas
arqueológicas del uso de cortezas desde inicios del siglo V. Ellos lo
llamaban huun, que era superior en textura, durabilidad y plasticidad al
papiro egipcio.
El Códice
de Dresde está guardado en la Sächsische
Landesbibliothek (SLUB), la biblioteca estatal en Dresde, Alemania.
Desde el punto de vista artístico, se ha considerado que
el Códice Dresde, es el más bello de los tres manuscritos mayas que
se conocen, debido a la claridad de sus trazos y a la cuidadosa disposición de
los textos.
Al
igual que el códice Dresde pudo haber sido enviado a Carlos I de
España por Hernán Cortés, junto al Quinto Real. En la
primera carta de relación, Cortés describe:"Más dos libros de los que
acá tienen los indios". López de Gómara en
su crónica describe que "pusieron también con estas cosas
algunos libros de figuras por letras, que usan los mexicanos, cogidos como
paños, escritos por todas partes. Unos eran de algodón y engrudo, y otros de
hojas de metl, que sirven de papel; cosa harto de ver. Pero como no los
entendieron, no los estimaron." Cuando se envió la primera carta, la
expedición de Cortés ya había tenido intercambios con los mayas en la
isla de Cozumel, y con los mayas chontales después de la batalla
de Centla.
El Códice
de París o Peresianus, es uno de los códices mayas que aún se
conservan, recibió ese nombre por encontrarse en la Biblioteca Nacional e
París. Su estado de conservación es deplorable y muchas páginas han perdido los
textos e imágenes superiores e inferiores.
Se
trata de un códice pequeño en comparación con los demás aunque originalmente
contaba con 24 páginas de las que dos se perdieron y en otras tantas el
deterioro es casi total.El mal estado podría deberse al ambiente y humedad en
el que se conservó, además de la falta de atención en la biblioteca de París,
que lo adquirió en 1832, pero cuyos bibliotecarios no lo cuidaron, al punto que
estuvo extraviado por algún tiempo.
A pesar
de que los otros tres códices ya habían sido encontrados desde el siglo XIX,
el Códice de Grolier se dio a conocer en 1971. Se dijo que este
cuarto códice maya fue encontrado en una cueva en la sierra de Chiapas en 1965
junto a otros objetos perecederos como una máscara de madera y una caja tallada
también en madera. Perteneció al doctor José Sáenz quién se los mostró al
mayista Michael Coe en el club Grolier de Nueva York, por lo cual se le
conoce con este nombre. Su aparición fue como una bomba.
Dos años después, en
1973, el investigador norteamericano Michael D. Coe publicó el facsímil del
documento en un libro editado por el Grolier Club con el título
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